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La naturaleza prepara a la mujer para la maternidad haciendo que acumule grasa, principalmente en las caderas y los muslos. Si el aumento de peso se encuentra dentro de los límites recomendados (de 11 a 15 kilos), cabe esperar que al año de dar a luz la señora haya vuelto a su peso anterior. Los intentos por adelgazar más rápidamente suelen fracasar.

Durante la primera semana posterior al parto la madre baja más de un kilo, pero eso se debe a una pérdida de líquidos que no tiene relación alguna con su alimentación. La grasa que se acumula durante el embarazo (de dos a cuatro kilos) tarda más en desaparecer.


Por otra parte, quedarse en casa el día con el bebé representa un riesgo para la dieta: siempre hay tentaciones al alcance de la mano. Cuando la experta en nutrición Christina Stark estaba criando a su primer hijo, comprendió que tenía adoptar  nuevos hábitos   de alimentación y ejercicio. "Lo más aconsejable es no tener en casa manjares que nos resultan irresistibles", advierte.

Las mujeres que llevan poco tiempo de haber dado a luz suelen comer a deshoras porque la necesidad de atender al bebé trastorna su horario. Tenga una buena provisión de alimentos nutritivos que no necesiten preparación, como yogur y quesos con bajo contenido de grasas, rosquillas dietéticas, panes y galletas integrales, y fruta fresca o enlatada en su jugo, de manera que sus bocadillos constituyan una saludable dieta escasa en grasas.

El ejercicio es, desde luego, la otra variable de la ecuación. Algunas señoras optan por comprar bicicletas estacionarias u otro equipo para hacer ejercicio en el hogar, o forman grupos para contratar a una manera mientras ellas se ejercitan, pero probablemente lo más sencillo sea poner al bebé en una carriola o en un sujetador especial para llevarlo pegado al cuerpo, e irse a dar una vuelta a paso vivo.

madre con recien nacido
madre con bebe haciendo ejercicio

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